De nuevo aquí para contaros más acerca del Colutorio Lacer, que gracias a Testamus, ha acabado en mi casa para poder testearlo.

En la primera entrada no os he hablado en profundidad sobre el producto (más bien, lo único que dije es que me había llegado a casa y el olor me había transportado a mi niñez), así que ahora os voy a contar muchas cositas sobre el Colutorio Lacer.


El Colutorio Lacer es un enjuague de uso diario sin alcohol que previene la caries dental. Tiene un sabor agradable, fresco y no es astringente. Por ello, Colutorio Lacer se convierte en nuestro aliado en la higiene bucal diaria: es ideal para combatir la placa, prevenir las caries y mantener el esmalte dental en un óptimo estado.


Presenta una formulación completa:

  • Lleva un antiséptico que actúa contra los microorganismos en la boca y no tiñe los dientes.
  • Su combinación con el Cloruro de Zinc favorece la reducción de la placa bacteriana y cuida las encías.
  • También contiene flúor que refuerza el esmalte dental y protege frente a la caries.
  • La acción anticaries se potencia con el xilitol, ingrediente de origen natural que frena la aparición de la caries.


Su composición es la siguiente:

Triclosán (0,15 g), Cloruro de Cinc (0,05 g), Floruro Sódico (0,05 g) y Xilitol (1 g).


Además, tenemos varios formatos que nos vendrán muy bien para amoldarnos a nuestras necesidades: 1.000 ml, 500 ml, 200 ml y 100 ml.



En mi caso, y al ser dos en casa, el que mejor nos viene está claro que es el de 1 litro. Pero no hay que perder de vista el formato de 100 ml que creo que es perfecto para llevártelo a todas partes. En el bolso cuando tienes que pasar el día fuera y no comes en casa, está muy bien pensado, ¡y en verdad que el tamaño es ideal!

Como ya os dije en el primer post, me ha sorprendido mucho su olor y su sabor. Hasta me he puesto melancólica. Esos recuerdos de cuando íbamos al colegio por las tardes también, que llegábamos recién comidos, y nos daban un mini vaso (¡nosotros también éramos minis!) y luego nos ponían a echarnos una siestecilla sentados en nuestras sillas, con la cabeza apoyada en los brazos colocados en la mesa. Y lo recuerdo con mucho cariño.

Yo, que soy muy tikismikis con todo lo que tiene que ver con la boca, porque no me gusta la menta, ni soporto esos colutorios que queman tanto la boca que no puedo tenerlos en la boca ni dos segundos, y que su sabor me da arcadas, he de decir que ya me sorprendió cuando probé el año pasado Gingi Lacer porque ni me quemaba, ni me daban arcadas con el sabor. Y ahora con el Colutorio Rojo de Lacer, me pasa lo mismo, estoy encantadísima con poder haberlo probado, porque me ha gustado casi todo de él. Sí, porque además, ¡no tiene alcohol! Un punto más a favor de Lacer.

Si os habéis dado cuenta… he puesto que me ha gustado CASI todo de él. Y es que le he visto una pega, y no ha sido el precio… más baratos que los de su competencia más directa (y no les hacen sombra a Lacer, a mi gusto), sino que ha sido el hecho de que sólo lo podemos comprar en farmacias y parafarmacias. Imagino (o espero) que con el tiempo, podamos poder comprarlo en supermercados e hipermercados. Sería una comodidad importante a la hora de ir a hacer la compra, poder tenerlo tan a mano.

Y hasta aquí hemos llegado con esta experiencia… Seguiré disfrutando de mi Colutorio Rojo de Lacer gracias a Testamus y el propio Lacer, y os animo a que lo probéis, ojalá os guste tanto como me ha gustado a mí.